[Presentación de libros] Colección de poesía «Cuadernos Observatorio [19]» – María Clara Rivas

Presentar esta colección de Cuadernos Observatorio [19], es ofrecerles la lectura de poesía y narrativa de un colectivo conformado por estudiantes y docentes. Desde su creación ha sido para muchos de nosotro(a)s una compañía literaria inquebrantable, incluso en encierro pandémico. Hoy quiero presentarles tres obras de esta colección: Breve estudio sobre las aves de Charlotte von T., Carla Navarro; Apuntes sobre el deterioro del vacío de Hernán Bello Saavedra y Las pesadillas del nazca de un misterioso César Xesspe.

En estos días de celebración del libro, hemos oído una serie de caracterizaciones de él: un tesoro, un amigo, un testigo y muchas otras etiquetas. He elegido para estos cuadernos la condición de viaje. Por malformación pedagógica me propuse planificar mi viaje. Por un inoportuno dejo doctrinal, creí que debería terminar en el aire, que mi trayectoria debía ser ascendente, es decir, comenzar con las huellas de Nazca, pasearme en el vacío y culminar en un vuelo de pájaro. Sin embargo, el vacío se experimenta en la caída y las huellas debían ser vistas desde la altura.

Redirigí mi itinerario, comencé por el Breve estudio de las aves de Charlotte von T.

La sombra del pájaro se proyecta en el cemento,
Silueta que se disuelve entre la gente,
Cuerpo clandestino y solitario
Que abunda entre los días de lluvia, entre los días nublados.
Se aleja de la danza de la parvada,
No es de coreografías
Y no le alcanza la melodía de las palabras


El reflejo de su sombra es la infiltración de las aves en el espacio cotidiano. Así, la voz no excluye ninguna de las imágenes aladas con las que convivimos:

Aves que buscan el agua
En las fuentes improvistas por la lluvia
O en este otro verso
Finalmente, choca el pájaro en la ventana
Y se da cuenta de si insignificancia
O esta nueva cita
Se oye un aleteo torpe encerrado en una jaula
Se desespera, se agita
Se precipita sobre el artefacto mal hecho del dolor


Junto a estas imágenes, se produce la alegoría de lo humano, la inevitable homologación:

En un sueño
Yo fui un pájaro brujo
De alas negras y pecho azul,
Un pájaro-jaula
Transformado en sombra,
En sombra y nada más
No sé si son pájaros
Los que derraman su canto en mi cabeza
Del otro lado se oye el viento
En su impulso plumífero por existir


De las imágenes cotidianas y la fusión alada de la voz, nace la certeza esperanzada de un nuevo aprendizaje:

Esta, que mira a la vida con ojos muertos,
Encuentra en ti su cofradía.
Mientras todo cae a pedazos
Tú estás jugando con el viento,
Se hace una pausa en el tiempo
Cada vez que canta tu risa
E inquietas a la lluvia
A los pájaros que ya migran
Dispuestos a enseñarte a volar
Sin más preguntas


Mi viaje de descenso comienza con la lectura de Apuntes sobre el deterioro del vacío de Hernán Bello Saavedra:

Tras la otra puerta
Tropiezo ahora con el gallo muerto;
La memoria,
Su cuerpo,

el ojo,
el pájaro muerto.

Entonces atravesamos múltiples puertas que se cierran y dan paso a objetos y seres rutinarios, la voz reitera:

Tras la puerta el perro famélico personifica al amor

Tras la puerta dos juguetes de una niña que parecen gatos


Finalmente, en un desenlace kafkiano:

Tras la puerta
Están las otras puertas


Así, de esta mirada infinita y monótona, surge el ciruelo negro.

Helo aquí
Es el ciruelo negro de las ciruelas muertas
Donde habitan húmedas
Las sombras de nada como las ausencias de todo


Esta imagen de seca fecundidad sugiere a mi lectura la inutilidad del fruto, la frustrante aridez que da paso a una presencia inexplicable como es la del gusano de luz. El poeta dice:

La espesa humedad del suelo,
Gusano de luz,
La espesa humedad del suelo
La secaron en la oscuridad a orillas del chilco


El chilco, hermosa y simple fucsia, cuyo nombre, en lengua mapuche, significa “que nace cerca del agua” ha perdido su espacio que por definición le pertenece. Así comprendo el deterioro del vacío, la obligada ruta que toman estos apuntes, preguntándose:

Nadie se pregunta por qué es verde, la noche negra,
La extinción transparente;
Porque ya no huyen,
Porque ya no están, gusano de luz


Allá abajo, en la forzosa meta de mi caída, están las huellas que agitan el sueño de César Xesspe: Las pesadillas de nazca.

La intertextualidad inicial con Pedro Páramo no es casual, debí advertir que conviviría con espectros. Que los tiempos y las voces se sobrepondrían y que el misterio que envolvía ya la identidad del autor, se prolongaría en este aterrizaje:

Vine a Nazca porque me dijeron que acá vivía una rara matemática
Consagrada a la arqueología de las líneas


Surge, así, la presencia de María Reiche, matemática y arqueóloga alemana que desentrañó gran parte de los misterios de las huellas de nazca, llamada también “la dama de Nazca”. El cuaderno se distribuye en diez partes, las que comienzan y terminan en Cahuachi, la ciudad capital de la cultura Nazca. Como lo hiciera Cortázar en un delirio comatoso en la noche boca arriba, la presencia perfumada de los tocados ceremoniales de sacerdotes nos hace experimentar la transposición de tiempos:

Sus tocados ceremoniales perfuman las calles de Cahuachi,
En donde nadie tiene recuerdo de mí, de esta investigación


El poeta danza con “la dama de nazca”. Esta escena danzante se repetirá al final del cuaderno, en un espacio donde ya no hay ceremonias tan solo la inalterable pirámide. El paisaje de Cahuachi rodea la poesía de muros de piedra y puquios, siluetas humanas, cabezas de sacrificios, de los cuales la propia voz es víctima:

Nadie viene, nadie vendrá a sentarse junto a mí.
Los cansados orfebres pasan
Y ven la forma de mi osamenta futura en la muralla


Un correlato desolador sitúa al lector en el paralelo temporal del bombardeo de Dresde, Alemania, ciudad de origen de Maria Reiche. María irrumpe en el poema:

Nadie me espera en Dresde
Me han dicho que es como un desierto
Cubierto de cuerpos calcinados al fondo de los cráteres


La aniquilación de la guerra y la ruinosa soledad de Cahuachi, son ya una sola. Y como lo advertimos en la analogía con Páramo y su viaje al pasado fantasmal, ahora acude Paul Kosok, antropólogo que adjudicó a las líneas de nazca, junto a María Reiche, la condición de signos calendáricos y astronómicos. Dice María:

El otro día vi la figura de una especie de divinidad
Antropomorfa
Con una especie de diadema en la cabeza


De un Cuaderno literario inicial, el texto se vuelve un cuaderno de apuntes sobre la mesa de trabajo. Un espacio investigativo-literario:

Este es el plan de trabajo,
Lo repaso y con el torso desnudo camino
Entre nazcas y turistas sus tocados ceremoniales
Perfuman el aire del mercado.


La jornada llega a su fin y se me derrumba mi ruta lectora descendente:
Han quemado tomas aéreas con sus aparatos fotográficos,
Han visto lo que solo se puede ver desde el aire.
Eso es lo que creen. Lo que pagan


Y me doy cuenta que la perspectiva aérea es irrelevante: los sacerdotes, los muros, los sacrificios, los orfebres, María y el poeta nos han dado la perspectiva real. El pasar del tiempo, el trabajo, el sacrificio, la empecinada búsqueda, la obsesión descriptiva:

La tarde arde sobre los muros y yo
Completo la data con espurias visiones y holografía paranoica


La voz anciana de María Reiche se cuela con su germánico español en el poema, para advertir su último deseo:

Yo quisiera cuando muero que me pongan un micrófono
Bien cerca de mi boca
Y cuando fallen mis huesos y quiero decir algo entonces lo
Puedo decir al micrófono



Este espacio en el que estamos, como dice César Xesspe el autor, bien podría ser Cahuachi, posamos como el poeta nuestra cabeza sobre la mochila y el cuaderno de campo; soñando la pesadilla de no poder descifrar nuestra propia huella.





María Clara Rivas. Académica de la Universidad Católica de Temuco. Profesora de Castellano por la Pontificia Universidad Católica. Magister en Literatura Hispanoamericana Contemporánea por la Universidad Austral, Valdivia. Participa en investigación desde el año 2017, desarrollando la línea de comprensión de lectura, así también, ha trabajado en la elaboración de Instrumentos evaluativos SIMCE y PSU.

Anuncio publicitario